Duran Lantink debuta en la alta costura de Jean Paul Gaultier con una colección que une la opulencia de Versalles y las tecnologías del futuro. Exoesqueletos impresos en 3D, corsés mutantes y siluetas imposibles dan forma a una nueva fantasía couture.
Hay colecciones que nacen para ser contempladas; otras, sin embargo, nacen para ser vividas.
La propuesta Haute Couture otoño-invierno 2026-2027 de Jean Paul Gaultier, la primera firmada por Duran Lantink para la maison, pertenece a esta última categoría.
Y es que estamos ante una colección en la que la silueta decide abandonar toda obediencia y lanzarse a los brazos de la experimentación.
Jean Paul Gaultier nos invita a dejarnos seducir por la historia en su nueva colección, tendiendo puentes férreos al presente más contemporáneo.
Así, los ecos del siglo xviii de Marie Antoinette y de la teatralidad de la corte, se cruzan con materiales y tecnologías propias de otro tiempo.
De esta forma, exoesqueletos impresos en 3D construyen la arquitectura de los looks: hombros que rozan lo sobrehumano, escotes proyectados hacia delante y estructuras en las que el cuerpo parece quedar transformado en un auténtico paisaje escultórico.
La prenda no es un mero complemento de quien la lleva sino que parece ser quien realmente tiene el control de la situación.
Jean Paul Gaultier nos presenta el pasado como una fantasía incómoda.
Los polisones parecen adquirir la forma de colas de insectos, las crinolinas se abren para dejar escapar cascadas de tul y las referencias al vestir cortesano adquieren proporciones monumentales, casi imposibles.
Es esta falta de funcionalidad la que se convierte, precisamente, en un verdadero experimento. Cuando la utilidad deja de estar presente, las formas se impregnan de libertad, llevando la imaginación al límite.
Versalles se llena de bordados, motivos ornamentales y detalles que parecen evocar los secretos mejor guardados de Marie Antoinette.
Pero Jean Paul Gaultier no nos invita a disfrutar de una colección que únicamente respira nostalgia.
El burdeos, recurrente en el universo Gaultier, dialoga de tú a tú con azules reales, el verde menta, el rosa flamenco y matices que dan forma a una paleta salida de un sueño del Siglo de las Luces pasado por un laboratorio futurista.
Lantink tampoco da la espalda a la esencia más pura de la casa. El corsé, la chaqueta de sastrería, el punto arán, el tul y, por supuesto, el icónico sujetador cónico regresan transformados: los conos abandonan la posición convencional y recorren el cuerpo marcando afiladas protuberancias.
Tejidos históricos y prendas olvidadas son recuperados para vivir una segunda vida.
Entre botones inspirados en la tradición de Zeeland, joyas convertidas en armadura y un guiño a Le Mâle bajo una cúpula de cristal, la próxima colección de Jean Paul Gaultier entiende la alta costura como un verdadero laboratorio.
Y, sobre todo, como una auténtica provocación: ¿por qué vestir únicamente el cuerpo si también podemos reinventar la silueta?



























