El jardín errante de Shiatzy Chen

PARIS

Rocío Alcántara

Colección primavera-verano 2026 de Shiatzy Chen

Shiatzy Chen nos presenta una colección que no solo viste el cuerpo, sino que lo envuelve en un relato, lo convierte en un mensajero de una tradición que se reinventa sin perder sus raíces. 

Un jardín errante que viaja con quien lo porta, un espacio donde lo antiguo dialoga con lo futurista y donde cada prenda es, al mismo tiempo, un gesto de memoria y de modernidad. 

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La próxima estación primavera-verano 2026 para Shiatzy Chen llega como un jardín que despierta después de un largo sueño. 

Un despertar que el diseñador quiere acompañar de una colección fiel a su esencia de artesanía oriental y siluetas contemporáneas y que parece susurrar historias antiguas en un lenguaje completamente nuevo. 

Cada prenda es una página, cada modelo una narradora silenciosa que avanza a ritmo de pétalos flotando en el aire. 

Shiatzy Chen nos invita a llenar nuestros armarios de tonos claros, casi traslúcidos que evocan la primera luz del día. 

Una paleta de color repleta de marfiles suaves, celestes que recuerdan al reflejo del cielo en el agua y rosas empolvados se deslizan sobre tejidos vaporosos. 

Las telas, ligeras como alas de cigarra, se mueven con una delicadeza que roza lo etéreo.

En cada gesto se percibe un diálogo entre tradición y modernidad: bordados que recuerdan técnicas ancestrales reinterpretados mediante hilos metálicos y patrones geométricos que sugieren una nueva era de artesanía. 

Junto a esos colores traslúcidos, tonos intensos llenos de vida. Un vibrante rojo laca —icono de la herencia estética oriental— irrumpe como un golpe de energía, seguido por verdes jade y azules profundos que evocan la serenidad de un estanque nocturno.

Todo parece evocar un jardín inundado de vida, donde cada color parece respirar por sí solo. 

La mujer con la que sueña Shiatzy Chen para la próxima temporada primavera-verano camina como si conociese el secreto más íntimo de la naturaleza.

Sus vestidos largos, apenas ceñidos, fluyen en capas que parecen nubes detenidas sobre la piel. 

Las transparencias, sutiles y nada ostentosas, se integran en un juego de luces y sombras que transforma el cuerpo en un paisaje.

El movimiento se convierte en el verdadero protagonista, y es que, cuando las telas se abren, quedan al descubierto motivos inspirados en la caligrafía, como si cada paso escribiera un poema efímero sobre el aire. 

Shiatzy Chen nos muestra una colección en la que las formas evolucionan: chaquetas cortas con cortes precisos, pantalones amplios que caen como columnas fluidas y faldas estructuradas que parecen esculpidas por el viento.

Los detalles siguen siendo el alma del universo Shiatzy Chen. Encajes que dibujan ramas, plumas y ondas; aplicaciones de seda recortada a mano que emulan flores suspendidas; cintas estrechas que cruzan el torso como senderos trazados con intención. 

Las prendas nunca saturan: cada elemento encuentra su lugar exacto, como en un jardín zen donde nada es casual y cada piedra, cada hoja, responde a una armonía superior.

La colección introduce también un nuevo enfoque sobre la dualidad. Hay piezas que combinan rigidez y fluidez con maestría: tops que alternan paneles de lino con organza, vestidos que unen lo mate y lo brillante en una danza sutil, abrigos ligeros con mangas desmontables que permiten transformar el look en un instante.

Esta versatilidad habla de la mujer contemporánea, capaz de fluir entre mundos, roles y ritmos sin perder su esencia.

Los accesorios completan el paisaje sensorial. Bolsos de formas redondeadas, inspirados en antiguos cofres de viaje, aparecen revestidos en piel grabada y seda bordada. 

Sandalias minimalistas con delicados nudos recuerdan la destreza del trabajo manual. Y las joyas, casi esculturas, juegan con formas orgánicas: pequeñas hojas de metal, gotas cristalinas, espirales que parecen haber sido moldeadas por el agua.

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