Ouka Leele

1957-2022

Maria de Juan

Ouka Leele, pintó sus fotografías de poesía y color.

Premio Photo España 2022, a título póstumo. Rendimos homenaje a una gran fotógrafa, pintora, escritora y poeta.

Ouka Leele me transporta al libro El Principito de Saint-Exupéry. Esta eterna niña, escogió su nombre artístico tomándolo de palabras inventadas para una estrella inexistente.

Las escribió su pareja, el pintor El Hortelano en una pintura-mapa irreal. Ella lo adoptó porque no quería ser reconocida y dejó de firmar Barbara sin apellido. Su obsesión era esconderse de la fama.

Ha muerto este año, demasiado joven. Hoy, su espíritu descansa en el cielo, rodeada de otras estrellas con nombres reales.

El mundo del arte llora la ausencia de esta artista que creó su propio lenguaje personal, sembrado de locura y colorido fluorescente que plasmaba en sus fotos en blanco y negro, sobre las que pintaba los colores más vivos.

Barbara Allende Gil de Biedma (1957-2022), conocida como Ouka Leele, fue la figura mas mística en la Movida madrileña de los años 80. Desde muy joven, adquirió reputación internacional.

Con una creatividad arrolladora, consiguió dotar a sus creaciones de una atmósfera particular, entre sueño y realidad. Tenía alma de poeta.

Su obra tiene un intenso sabor a Surrealismo y un dulce aroma a poesía intimista.

Como los artistas del Renacimiento, Ouka Leele tocaba todos los palos. Con una sensibilidad casi enfermiza, fue multidisciplinar: además de fotógrafa de éxito, fue pintora, escritora y poeta.

Familia de casta artista

Bárbara Allende nació en Bilbao (1957), hija del arquitecto Gabriel Allende Maíz, sobrina del poeta Jaime Gil de Biedma y de Tomás Allende García-Baxter, ministro franquista y destacado tecnócrata del Opus Dei. Su primera inspiración fue su abuelo, fotógrafo y pintor amateur. Su hermana Patricia también fue fotógrafa.

«Fui a un colegio de religiosas. El olor a incienso, los velos de tul y las ceremonias monjiles me fascinaban. Era como estar continuamente en el teatro».

Luego fue a Montealto, colegio del Opus Dei. Durante su infancia le fascinó una especie de misticismo, rozando el ascetismo. Fue lo que cultivó al crecer, cuando se convirtió en artista clave del movimiento mas conocido de Madrid. Aunque creció lo justo, porque siempre conservó una especie de rebeldía e inocencia que le hacían vivir como levitando.

«Solo eres tú misma cuando tienes pocos años. Hasta los 4 años, todos te quieren, te dejan vivir. Desde los 5 a los 12, todo cambia, haces lo que ellos quieren. Y ahora ya no sabes lo que quieres realmente. Vas a una fiesta y todos están de pie con su copa y quizá lo que te apetece es sentarte en el suelo».

Desde su juventud Barbara residió en Barcelona, Madrid y Nueva York. La pintura fue su primera vocación, trasteando en el estudio de su abuelo.

En Barcelona, Ouka Leele revelaba las fotos con guantes porque no podía pagar la calefacción, pedía dinero y a veces comía gracias a la secta Hare Krishna que repartía comida gratuita.

Su primer mecenas fue el galerista catalán Albert Guspi. Le animó a buscar un nombre artístico pues entonces firmaba medio anónima: Barbara Sin Apellido.

Hacía performances rarísimas: proyectaba fotos desde detrás de un búnker con personas desfilando con miembros de cerdo y lanzaban patas de pollo al público, mientras alguien leía la guía de teléfonos.

Le gustaba jugar con en el público, creando una mezcla de enigma, horror y absurdo.

En Barcelona, con la pobreza como escuela, comenzó a ser una gran creadora de sueños.

Amigos de la Movida

Inclinada hacia la pintura, empezó Bellas Artes en Madrid, aunque abandonó la carrera para iniciar sus estudios de piano. Al mismo tiempo asistía a clases en Photocentro para aprender fotografía.

Tras publicar sus primeros trabajos en un libro llamado Principio, comenzó a exponer en 1978. Sus fotos eran en blanco y negro, pues odiaba la de color. Cuando le encargaron una imagen para portada de revista, inventó poner su propio color. Fue entonces cuando empezó a colorear sus instantáneas.

«Entiendo la fotografía como poesía visual, una forma de hablar sin usar palabras. Me defino como poeta de lo cotidiano».

Ouka Leele fue la figura mística en la Movida de Madrid. Era amiga íntima y compañera de fatigas de artistas, pintores, El Hortelano, Mariscal, Ceesepe, Javier de Juan… fotógrafos, Alberto García-Alix, cineastas, Pedro Almodóvar y cantantes: Alaska y los Pegamoides.

“Alaska era más glam, y yo más cisterciense”.

Su primera exposición, Peluquería dio a conocer su obra y la original técnica que le haría famosa.

Sentía que el laboratorio no le permitía elaborar la estética Dadá que ella deseaba. Así decidió transformarlas ella misma. Coloreaba sus fotos en blanco y negro con acuarelas líquidas, fusionando las dos disciplinas. Inmediatamente conquistó al público madrileño.

Pintaba sus fotos de retratos, con tocados estrambóticos en la cabeza. La muestra se convirtió en la primera de múltiples exposiciones y extrañas performances.

«En Madrid hice un “happening” donde me puse un cerdito en la cabeza y me diseñé un traje de fuelle con aros dentro».

Seguramente le inspiró su amiga diseñadora Agata Ruiz de la Prada. A la inauguración iban sus amigos gay con espaguetis a la boloñesa chorreándoles por la cabeza. A sus eventos acudían los punkis más extremos junto a las señoras mas clásicas con abrigo de visón.

En 2017, Loewe diseñó una línea de camisetas inspirada en sus míticas fotografías de tocados absurdos.

Tuvo a su hija, Maria, de quien hizo algunos de sus mejores retratos. Amante de la infancia, plasmaba a su niña en pinturas y fotografías. Fue su modelo favorito.

En Madrid, llegó a detener el tráfico en la Plaza Cibeles, durante horas, para realizar su reconocida fotografía Rappelle-toi Bárbara, que representa el mito de Atalanta e Hipómenes.

En los 80, Ouka Leele comenzó a exponer en galerías madrileñas y recibía encargos para portadas de revistas como Penthouse o Playboy. Cuando le preguntaban por sus apellidos y su origen acomodado, respondía sin tapujos que necesitaba trabajar y vivía de sus manos. Siempre se negó a pedir ayuda a su familia.

Recordaba la movida madrileña como un trabajo sin oficina, donde aprendían unos de otros, exponían o proyectaban sus obras donde podían.

En 1981, le diagnosticaron un cáncer que le hizo regresar con su ex marido pintor, El Hortelano. Aquella enfermedad y la curación acentuaron su inmenso amor por la vida que Ouka Leele predicó desde entonces.

«No lo recuerdo como una enfermedad, sino como una intuición de estarlo, no quería reconocerlo. La etapa más dura es la curación, que ojalá cambie porque es tremendo pasar a ser un condenado en un campo de concentración. El crecimiento espiritual es tan grande que lo malo no lo recuerdo».

A partir de los 90, dió el salto internacional. Comenzó a exponer en galerías de Paris, Londres, Bruselas, Roma, Frankfurt… Vendía todo lo que exponía en la Feria ARCO de Madrid.

Su obra fotográfica recorrió ciudades más allá de Europa: Nueva York, Sao Paulo, Buenos Aires, Tel Aviv, Tokio, Shanghai, Pekín…

En 2005 le fue concedido el Premio Nacional de Fotografía por el Ministerio de Cultura, por su aportación innovadora a la fotografía. Un año antes lo ganó su gran amigo, el fotógrafo Alberto García-Alix.

«Creo que mi obra se entiende más si meto pintura y no sólo fotografía pura. Sigo una línea personal donde la pintura está desde el principio. Las primeras fotos que publiqué eran en blanco y negro y después me puse a pintarlas. Era lo que yo quería hacer y en eso sigo».

Gran parte de su infancia y su concepción de la pintura se plasmaron en la película La mirada de Ouka Leele de Rafael Gordon, con música de Eva Gancedo.

Fue nominada a mejor documental en los Premios Goya (2010). Durante cinco años, el director siguió a la pintora en la creación de lo que podría llamarse su Capilla Sixtina: un mural de 240 metros en Ceutí, pueblo de Murcia.

Allí pintó inmensas flores enroscadas entre sí, sobre un fondo azul cielo. Tituló su obra Mi Jardín Metafísico.

Trabajó en un muro de hormigón durante años, subida a una grúa, bajo el tórrido sol de Murcia, donde encontró su inspiración.

Pintó su particular jardín mientras los vecinos le daban consejos y piropeaban, lo que ella interpretaba como una forma de transmitirles su alegría por la vida.

Colaboró en muchas ediciones de ARCO y su obra fue comprada para su colección. Impartió talleres sobre su técnica autodidacta en universidades, centros culturales y festivales.

En 2016 fue nombrada Embajadora de la Candidatura de Segovia a Capital Europea de la Cultura.

Su exposición más completa, Ouka Leele inédita en el Museo del Traje (2008), fue un recorrido sentimental y artístico, pleno de vivencias y humanidad.

Barbara pretendía recuperar la emoción del encuentro entre público y artista como en el Renacimiento. Creó una comedia humana plasmada en fotografías.

Vivió momentos de profunda lucidez artística, que le permitió alcanzar los máximos logros sublimando el fondo y la forma.

«He luchado mucho por meter la fotografía en el mundo del arte, y ahora por la libertad del artista, sin limitaciones. Trato de aportar un poco de belleza a este mundo».

Barbara mezcló tradiciones españolas con innovaciones de su tiempo aportando un colorido fluorescente que se convirtió en la marca de su arte. Su obra cuestiona los límites de la fotografía y la pintura.

En 2005 declaró que tenía 25 años de fotos pintadas, con un proceso manual muy laborioso. Entonces empezó a trabajar con fotografía digital, sacando de su archivo, pendiente de editar, gran material nunca expuesto en blanco y negro.

«La idea es montar una escenografía incorporando elementos del teatro y del cine. El blanco y negro es un color muy expresivo, pero la pintura te cambia mucho la imagen. La fotografía pura juega con la realidad».

La realidad de Ouka Leele es la realidad del recuerdo, según la definición del académico Francisco Rico, con la que se identifica la fotógrafa.

«Creo una realidad que yo he visto. Recreo una escena con varios elementos artísticos, un espacio, que también tiene algo de arquitectura. Sólo le falta el sonido, como se hacía en la pintura antigua. Con la pintura doy algo más expresivo de mi intimidad, lo que yo siento. Es un ejercicio del recuerdo, lo que he visto, ya que la percepción es muy subjetiva. Es un lenguaje propio, una expresión que se acerca a la autobiografía. Es una forma de ver, que siempre que puedo vuelvo a utilizar, cuando una persona me atrae mucho».

«Quise ser como una sacerdotisa del arte».

Esto se reafirmó desde que la africana Paloma (miembro del grupo musical Hijas del Sol), le dijo que en guineano Ouka Leele significa Que des muy bien la vuelta al círculo de la vida.

Barbara se identificaba con la generación de la Movida Madrileña, sus amigos del alma, que aparecen con frecuencia en sus retratos, junto a bodegones, extraños objetos o personajes de cuento.

«Al principio me molestaba que me relacionaran con la Movida y quería olvidarla pero ahora estoy muy orgullosa. Era un movimiento lleno de vitalidad y creatividad. Es un privilegio pertenecer a una generación de artistas. Con el paso del tiempo, veo un movimiento artístico y social. Queríamos cambiarlo todo, trastocar el sistema, renovarlo. A veces volvemos a sentir ese espíritu cuando coincidimos o escuchando un tema de Carlos Berlanga. Volvemos a jugar y a crear juntos».

Siempre consideró la fotografía como el lenguaje de nuestra época.

«Me atrae mucho la foto tradicional, cuando la luz dibuja. He hecho algo digital, pero el ordenador me cansa. La fotografía digital es un sucedáneo, como entre la teta y el chupete».

Sus obras se han expuesto el Museo del Traje, Museo Reina Sofía, Fundación La Caixa y la Colección ARCO. En 2005 fue reconocida con el Premio Nacional de Fotografía y en 2012 recibió la Medalla de Plata de la Comunidad de Madrid.

Su obra ha sido reproducida en cientos de publicaciones. Uno de sus enigmáticos autorretratos fue la portada de Tapas Magazine. Su trabajo apareció en las revistas mas punteras del momento, en España y en el extranjero: Diorama, PhotoMagazine, Telos, Dezine , Reviste Actuel…

Durante su carrera hizo de todo. Trabajó con Concha García Campoy en el libro La doble mirada, preparó una serie de dibujos y serigrafías para el Cantar de los cantares del Rey Salomón.

Además de organizar exposiciones y talleres, publicó varios libros de poemas con dibujos y serigrafías: Poesía en carne viva (Atlantis), Floraleza (Ahora)…

Bárbara falleció en Madrid con 64 años, tras una larga batalla contra el cancer. Su hija, Maria Rosenfeldt, que fue su modelo favorito de niña, será ahora quien mantenga vivo el legado de una amplia carrera creativa.

Es justo todo elogio, como el premio póstumo Photo España 2022, pues su obra expresa un testimonio decisivo de la sensibilidad y la vida artística española. Pasa a la historia por sus aportaciones personalísimas tanto por su original cromatismo como por sus composiciones narrativas.

Ouka Leele nos lleva a cuestionar los límites entre la fotografía, la pintura y el lenguaje.

Con su alma de poeta, publicó varios poemarios. Curiosamente en una entrevista leyó este, que escribió con solo 17 años, y refleja sus sensaciones mas íntimas:

«La muerte me ha llamado
me voy con ella
mañana mismo expiraré
a la hora en que más lo sienta
y podré así al fin
gozar la vida intensamente»

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