Francis Kéré

Maria de Juan

Francis Kéré, primer premio Pritzker africano

Nacido en Burkina Faso, Francis Kéré es el primer arquitecto africano en ganar el premio más prestigioso de arquitectura.

De Burkina Faso a Berlín: una revelación artística

Diébédo Francis Kéré es el protagonista de una vida de éxito contra todo pronóstico. Nacido en 1965, Francis Kéré nació y creció en la pobreza mas absoluta de una pequeña aldea africana, una tierra sin agua potable, electricidad, infraestructura… ni arquitectura.

Su aldea llamada Gando, situada en Burkina Faso (Africa Occidental), formada por un pequeño grupo de cabañas con tejado de cubierta vegetal, no tenía ni las mas mínimas comodidades. Allí ni siquiera había una escuela.

Su padre, era el jefe local y tuvo la visión de mandar al niño a estudiar al pueblo vecino y después a la capital del país, Uagadugú, con el objetivo de que pudiera leerle los documentos oficiales que recibía como jefe de tribu.

Todos los habitantes contribuyeron a pagar sus estudios. Así es como el joven se convirtió en el primero de su aldea que supo leer y escribir. Sin olvidar su origen humilde, Francis aprovechó la oportunidad y llegó mucho más lejos que como simple lector.

A una edad muy temprana, su marcado gusto por la arquitectura se desarrolló como respuesta a la falta de comodidad en su vida, tanto en el hogar como en la escuela. La falta de ventilación y luz del aula de cemento donde pasaba horas junto a un centenar de niños, le provocó el deseo de cambiar y se hizo el firme propósito de edificar una escuela mejor… algún día.

Escuela de Gando  de Francis Kéré

Desde su tierna infancia, soñaba con agrandar sus paredes y dejar respirar los espacios. No se imaginaba entonces que su primera obra importante sería precisamente un colegio para su pequeña aldea.

Con solo veinte años, consiguió una beca de formación profesional que le llevó a estudiar carpintería a Berlin. Aprendió alemán y tras diez años de durísimos esfuerzos, económicos y personales, pasando por todo tipo de trabajos, obtuvo una segunda beca con la que logró su sueño y desarrollar su pasión: estudiar arquitectura.

Consiguió admisión en la Technische Universität (Universidad Técnica) de Berlin, donde por fin, obtuvo su tituló de arquitecto poco antes de cumplir los 40 años (2004).

Pero Francis siempre pensó en su comunidad de origen y con gran esfuerzo y tesón, logró financiación altruista en Alemania. Su objetivo: construir un colegio en su aldea para que otros niños pudieran tener acceso a la educación sin salir del pueblo y caminar durante horas.

En 1998 creó una fundación con su nombre para recaudar fondos y reivindicar el derecho infantil a estudiar en un aula adecuada. Su primera obra, en colaboración con sus paisanos nativos, muchos voluntarios, fue la Escuela Primaria de Gando (1999-2001). Con ella ganó el prestigioso premio Aga Khan Prize en 2004. Este premio se otorga a trabajos arquitectónicos dentro del entorno del mundo musulmán, especialmente a proyectos que demuestran una temprana sensibilidad hacia la arquitectura sostenible. Ese mismo año, 2004, Francis Kéré abrió su propio estudio de arquitectura en Berlín.

Su Escuela de Gando, se comenzó en 1999. Justo ese año ganó el premio Pritzker, Sir Norman Foster, autor del Banco HSBC de Hong Kong. La gran paradoja es que este fue el edificio más costoso de la historia. Eran tiempos de esplendor para la “arquitectura espectáculo” y los arquitectos estrella.

Mientras tanto, Francis Kéré, tardó tres años en construir una modesta escuela en su pueblo natal. Fue fabricada con tierra y ladrillos hechos a mano, bajo una estructura separada de una cubierta que sirve como sombrilla, sin sistemas mecánicos de ningún tipo y levantada a mano por los vecinos, casi todos voluntarios.

Asamblea Nacional de Benin de Francis Kéré

Durante la década de los años 20, Francis Kéré realizó la construcción de otras obras, con presupuestos muy limitados, en Burkina Faso, Kenia, Mozambique y Uganda. Todos sus trabajos forman parte de un vasto proyecto con un único objetivo: aumentar el bienestar de las comunidades más desprotegidas.

El arquitecto burkinés siempre ha estado comprometido con la justicia social y el derecho de todos a mejores condiciones de vida. Francis lo expresó con sus propias palabras al diario «Le Monde»:

Tenía una idea: que incluso los más pobres e indigentes tienen derecho a vivir con comodidad y belleza.

Sofisticación al servicio del bienestar

“Kéré sabe, desde su interior más profundo, que la arquitectura no se trata del objeto sino del objetivo. No se trata del producto, sino del proceso”, subraya el jurado en la nota de prensa.

Es así como su trabajo con materiales locales adquiere una gran importancia desde su creación. El arquitecto africano explora formas híbridas que crean un diálogo entre lo tradicional y lo contemporáneo, con materiales locales que constituyen un soplo de modernidad y creatividad.

Kéré contribuye al progreso integrando las dimensiones local, nacional, regional y global en un equilibrio muy personal entre experiencia de campo, calidad académica, baja tecnología, alta tecnología y multiculturalismo, verdaderamente es una combinación super sofisticada.

La sensibilidad y humanidad de este arquitecto se puede ver en sus proyectos, diseñados para y con las comunidades locales. El uso de materiales naturales (madera, granito, arcilla, etc.) y la promoción del reciclaje dan testimonio de su preocupación por la ecología.

El reconocimiento de su obra no se otorgó exclusivamente al mérito de sus empresas logradas, sino también a la calidad de sus conceptos arquitectónicos, a la sofisticada inteligencia que conectaba lo necesario con lo bello y lo útil. También con lo posible, ya que incorporaba técnicas de construcción y materiales accesibles, que los propios usuarios y constructores fueran capaces de manejar.

Así continuó con los otros proyectos en su aldea: viviendas para maestros en 2004, la ampliación de la escuela en 2008 y una biblioteca en 2010. La Escuela Secundaria y el Centro de Mujeres vinieron después.

La obra de Kéré pareció responder a un programa de desarrollo humano, realizado desde el estudio de un arquitecto capaz de dotar de un sentido profundo y necesario a cada obra, cambiando el destino de su comunidad.

Entre la utopía y el pragmatismo

De manera imparable, Burkina Faso y otros territorios africanos sintieron que habían encontrado en este joven, un apóstol capaz de liderar su proyección hacia el futuro. Francis recibió otros encargos en su tierra, en Dano, en Laongo y en Mali realizó el Centro de Arquitectura de Tierra en Mopti (2010) y las instalaciones para el Parque Nacional de Mali en Bamako (2010).

La mayor parte de los trabajos le surgían de los países pobres de su entorno, que reconocían su talento y esfuerzo: Mali, Mozambique, Kenia, Togo y Sudán.

El orgullo y la confianza que ha sido capaz de transmitir a sus compatriotas se concretó cuando le encargaron el proyecto del nuevo Parlamento de Burkina Faso. Su proyecto es una simbólica pirámide de superficie habitable, cubierta de jardines, huertos y gradas, y está pendiente de construirse.

La Asamblea Nacional de Benín, en Porto Novo, se encuentra actualmente en construcción, demostrando que el burkinés ha logrado convertirse en un símbolo del renacimiento africano y de la esperanza con la que todo el continente mira al futuro.

Lice Schorge de Francis Kéré

En 2017 publicó su libro “Radicalmente Simple” donde narra la importancia de colaborar con los residentes nativos de cada lugar. Francis Kéré sitúa las necesidades sociales e históricas en el centro de su pensamiento creativo. Su principal compromiso es con su propia comunidad natal.

La habilidad técnica y los presupuestos ajustados no han sido capaces de contener su notable capacidad creativa, que está presente en obras utilitarias como la escuela secundaria Liceo Schorge en Koudougou (2016) y en numerosos pabellones con propósitos artísticos diseñados para Alemania, Dinamarca, Italia, Estados Unidos, Reino Unido y Suiza.

En Estados Unidos ha construido Xylem (2019), un pabellón al aire libre para el Tippet Rise Art Center en Montana. Evoca la estructura viva de un árbol, un hermoso lugar para reunirse o meditar.

Su obra más conocida es el brillante pabellón realizado en 2017 para la Serpentine Gallery de Londres. Allí juega con dos elementos autónomos, una cubierta y un muro curvo, para crear un juego espacial que alude al gran árbol solitario bajo el que celebraban reuniones comunitarias en su aldea.

Serpentine Gallery de Francis Kéré

También trasladó este concepto de Londres a la instalación de su exposición en el Museo ICO de Madrid en 2018, realizada por él mismo. Esta ha sido su única obra en España, hasta el momento. La exposición era un muestrario del tipo de materiales y formas que utilizan sus obras: muros de barro, telones textiles, masas con troncos de madera, elementos ligeros metálicos. Están recogidos por el comisario, Luis Fernández-Galiano, en un espléndido catálogo.

Tuve la suerte de poder visitar esta exposición y la recuerdo como una explosión de colorido cubriendo paredes de formas curvas y contra-curvas. Fue una inmersión en interesantes ambientes envolventes de formas sinuosas que funcionaban mas allá de la pura construcción, parecían abrazar al visitante con el calor de sus pinturas africanas de vivo colorido.

Cambio de perspectiva universal

Nunca como hoy hemos sido tan conscientes de que los tiempos cambian. La pandemia mundial y la guerra en Ucrania son solo las últimas gotas en el océano de la transformación mundial.

A partir de la crisis mundial del 2008, los aparatosos despilfarros arquitectónicos han perdido toda su reputación. Es cierto que aún permanecen en lugares vinculados al negocio de las fuentes de energías fósiles, pero el reproche implícito a este tipo de proyectos ha logrado que el entorno cultural de la arquitectura haya cambiado de paradigma.

Los nuevos héroes trabajan con tierra y palos, en lugares de extrema pobreza. Construyen obras con presupuestos microscópicos, pero mantienen puentes con Europa y Norteamérica. Dan visibilidad a un trabajo riguroso y exigente, volando a menudo entre el Primer Mundo en el que tienen sus estudios y el Tercer mundo donde realizan las obras. La huella de carbono menos dañina es la que dejan ellos, estableciendo vasos comunicantes entre los lugares más distantes del planeta en renta per capita y calidad de vida.

Lions Campus de Francis Kéré

Nutrida por raíces en dos continentes, la savia del árbol arquitectónico de Francis Kéré, bebe de lo mejor de ambos mundos. El ha logrado una síntesis personal y universal al mismo tiempo. Esto confiere a sus obras de un carácter clásico, arquetípico e intemporal.

Se trata de un arquitecto formidable, sensible, comprometido, inteligente, astuto y visionario, que descubrió el camino para hacer realidad una revolución con ejemplos palpables.

Lo que imaginó de niño, aquella escuela rural para su aldea en Burkina Faso, se hizo realidad. Encontró la manera de financiarla y realizarla. Y no sólo eso, el modelo sirvió para nuevos edificios a su alrededor y para otros lugares que vieron que ese tipo de expansión era posible. Un solo hombre cambió el futuro de todo su pueblo.

El arquitecto suele decir, en relación con los africanos más jóvenes, que hay que advertirles de que no van a encontrar su futuro en Europa. Francis sugiere que hay que retenerlos en sus países, financiando proyectos como los suyos, para mantenerlos radicados en sus pueblos natales. Sus palabras y trabajos reflejan su personalidad y empatía por sus semejantes.

Su sencilla alegría, procede de la utilidad de su labor, de su capacidad para contribuir a la armonía y a la felicidad, con la firme voluntad de servir de ejemplo a los más jóvenes. Es admirable que siempre muestra una sincera falta de protagonismo, lo que no ha sido capaz de ocultar su enorme valor profesional y humano.

Pritzker Prize, el “Nobel de Arquitectura”

Creado por el empresario Jay Pritzker en 1979, el Pritzker, considerado el “Nobel de los Arquitectos”, recompensa a aquellos que han hecho una contribución significativa a la arquitectura. Otorgado por un jurado independiente, brinda visibilidad y reconocimiento al ganador. El premio de 100.000$ es financiado por Hyatt, la cadena hotelera internacional.

El premio Pritzker se hace honor a sí mismo escogiendo para este galardón al primer africano. Se trata de un creador que va por libre, cuyo prestigio ha crecido en una dirección contraria a la arquitectura que el jurado de estos galardones solía escoger cuando el burkinés empezó a trabajar.

Durante los años en que Kéré construía sus primeros proyectos en Africa, otros “mega stars” ganaban el premio Pritzker, como Rem Koolhaas (2000) y Herzog & de Meuron (2001). En los años siguientes lo recibirían Zaha Hadid (2004), Thom Mayne (2005), Richard Rogers (2007) y Jean Nouvel (2008), coincidiendo con la crisis financiera global de 2008, que fue causada específicamente por la caída del mundo inmobiliario.

Este premio 2022 supone una continuidad en el cambio de mirada
que el jurado viene manteniendo sobre el panorama arquitectónico durante los últimos años. Recientemente ha galardonado actitudes sostenibles y solidarias en los trabajos de Shigeru Ban (2014), Alejandro Aravena (2016), los españoles de RCR Arquitectes (2017), el indio Balkrishna Doshi (2018) y el equipo Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, el año pasado.

Casa del médico de Francis Kéré

En esta edición este premio ha sido muy justamente otorgado. Kéré es especialmente conocido por su compromiso con una mayor justicia social, implicando la participación de las comunidades locales en sus proyectos y el uso de materiales naturales de cada lugar. Se ha convertido en el primer africano en recibir la distinción suprema del mundo de la arquitectura.

El trabajo de Francis Kéré nos recuerda la lucha necesaria para cambiar los patrones insostenibles de producción y consumo, mientras nos esforzamos por proporcionar edificios e infraestructura adecuados para miles de millones de personas necesitadas.

Esto ni siquiera supone que la brecha de la desigualdad se haya estrechado, ni que la práctica de la arquitectura se distancie de los intereses del mercado inmobiliario. Pero por lo menos, marca el camino hipotético que debemos recorrer para que la arquitectura llegue a los mas necesitados y para que las prácticas de construcción sean compatibles con el futuro del planeta.

Espero haber podido demostrar el poder que una comunidad posee y cómo la arquitectura puede ser algo que inspire a toda comunidad para dar forma a su futuro.

Ese compromiso y sentido de responsabilidad con su gente es el valor que el jurado ha desatacado para convertirle en el laureado este año. La obra de Francis Kéré no habla de sí mismo. Habla de la necesidad de quienes la reciben.

Significa un mensaje sobre el respeto con el que ellos deben ser tratados, aunque sean los clientes más pobres del mundo. Porque su pasión y su trabajo se dirigen a sus compatriotas más humildes, en un país como Burkina Faso, uno de los de menor renta per capita, incluso dentro de África.

En el mundo de los arquitectos de éxito, Kéré representa valores auténticos y su obra está llena de verdad y de amor por sus semejantes.

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